Las balas cesaron y la guerra terminó, pero hay una nueva amenaza contra Arcatao. La posible actividad de industrias de minería que buscan explotar el oro y otros minerales que hay en la zona. Por ello han solicitado a la alcaldía, una consulta popular sobre el tema minero. Arcatao es un municipio que no figura en los principales medios de comunicación por la ausencia de homicidios. No obstante, posee una riqueza cultural e histórica que lo posiciona como una alternativa turística y como un “Pueblo Vivo”. 


 

Por Mario Beltrán

A Justino Pérez no lo asustó el escenario de la posguerra civil salvadoreña, ni la pobreza de El Salvador, ni mucho menos la falta de seguridad. Él se siente más salvadoreño que cualquiera. Pero no lo es –al menos no nació en El Salvador-. Ciudadano hondureño originario del departamento de Lempira del vecino país, Justino cruzó la frontera hacia El Salvador hace poco más de 20 años en busca de mejores oportunidades.

Ahora vive en Arcatao, Chalatenango, a 135 kilómetros al norte de San Salvador. Arcatao proviene de la lengua potón, hablado por sus fundadores, que traducido al castellano significa “La casa de la serpiente”. Es un pintoresco y apacible municipio que sirvió como escenario de la guerra civil salvadoreña en la década de 1980. Arcatao se convirtió literalmente en un pueblo fantasma, pues debido al conflicto, su población fue obligada a refugiarse en Honduras. Fue repoblado poco después de la Firma de los Acuerdos de Paz en 1992.

Las balas cesaron y la guerra terminó, pero hay una nueva amenaza contra Arcatao. La posible actividad de industrias de minería que buscan explotar el oro y otros minerales que hay en la zona, muy a costa de la contaminación del agua, la tierra, las cosechas y la vida.

Apoyado sobre una de las columnas ubicadas a la entrada de la iglesia católica, Justino frotaba con sus manos su naríz, y analizaba de lejos el ajetreo y la música tropical que provenía de la plaza principal del pueblo; ajetreo que se unía al pequeño mercado que se instala cada domingo para que quienes llegan a misa, aprovechen a hacer compras de media mañana.

Justino y su familia ya habían salido de misa. El padre Miguel Vásquez incluyó en su homilía la importancia de la unidad comunitaria en contra de los proyectos mineros que “cual aves de rapiña” deseaban instalarse en el montañoso Arcatao.

La homilía tenía su razón de ser. Varias organizaciones sociales entre las que destacan la Asociación para el Desarrollo de El Salvador (Cripdes), Cordes, CCR y miembros de la Mesa Nacional frente a la Minería Metálica de Chalatenango,  entre otros, lideran una campaña de consultas populares para determinar si la población está de acuerdo con el establecimiento de extracción minera en su municipio.

Por ello, varias comunidades de Arcatao presentaron el pasado domingo 20 de septiembre, 871 firmas de personas que solicitan un referéndum municipal para votar sobre el establecimiento de minería en dicho municipio. Arcato cuenta con 3,121 habitantes, de los cuales2, 052 están aptos para votar de acuerdo al padrón electoral. Las firmas reunidas corresponden a este sector de la comunidad.

alcalde

Alcalde de Arcatao (izquierda) recibe de manos de lideres comunitarios y organizaciones, las 871 firmas que solicitan el referéndum sobre minería. Foto/Alfredo Carías.

 

Justino es agricultor, tiene dos hijas y su esposa. Asegura conocer el proceso que las organizaciones impulsan con el referéndum municipal contra la minería, y se muestra reacio a la instalación de esta industria en su municipio. —Yo no estoy de acuerdo que se haga minería aquí porque nos afecta a todos en el pueblo. Se daña la tierra, el agua, las cosechas, y quienes sufrimos al final somos nosotros— argumenta.

Si hay algo a lo que Justino le teme en El Salvador, es a los estragos que la industria minera podría ocasionar en su única fuente de trabajo. Arcatao es un municipio agrícola y ganadero que no pasó desapercibido con respecto a la sequía que afectó en los últimos meses al país producto del cambio climático. Agricultores como Justino, perdieron en promedio el 40 % de sus cosechas, aunque afirma que “al menos se sacó la inversión y un poco de ganancia”.

La minería por su parte podría contaminar los mantos acuíferos, los bosques circundantes de las montañas, las cosechas y alterar el equilibrio natural que los habitantes de Arcatao quieren proteger.

Las organizaciones impulsoras del referéndum se basan en el artículo 115 del Código Municipal que obliga a las alcaldías a hacer la consulta ciudadana en temas importantes para el municipio, cuando al menos el 40 % de la población apta para votar lo solicite.

José Alberto Avelar es el alcalde de Arcatao, un hombre robusto y de firmeza para hablar, con una discapacidad ocasionada -según cuenta- al perder su mano derecha mientras luchaba en el conflicto interno salvadoreño. Hoy, como edil, es firme al decir que no se puede negar a realizar lo que su comunidad le está pidiendo. —Como consejo municipal, hemos venido pensando en la necesidad de hacer este proceso, y es bueno que desde la máxima expresión de las comunidades, se esté promoviendo. Creemos que el mejor camino, es cuando los mismos habitantes del municipio piden este tipo de consultas. Para nosotros es imposible negarse. Esto refleja el interés de nuestra comunidad por proteger el medio ambiente— manifestó el edil.

El alcalde agrega que Arcatao no reporta homicidios desde el 2013. Dice además que de julio a septiembre, las autoridades policiales de la zona no reportan ni un solo delito de ninguna índole.

Por su parte, Bernardo Belloso, presidente de Cripdes, recalca la importante labor que los líderes comunitarios hacen para debatir con las comunidades sobre el futuro de sus recursos ambientales. —El proceso de organización ha sido posible por la participación de líderes comunitarios, y particularmente de este grupo gestor que durante dos meses ha estado generando debates con las comunidades, para que sean ellas que decidan qué quieren de sus recursos naturales— expresó Belloso.

Ya hay antecedentes. La empresa minera Martinique, intentó en 2005 irrumpir en las montañas del municipio y de otros aledaños, para la exploración y explotación minera, que según el alcalde, lo hacía sin presentar ningún permiso. No obstante, la organización de los pobladores fue tan fuerte que bloquearon el paso a las maquinarias pesadas de la empresa, incluso acostándose en el suelo frente a ellas. Las zonas amenazadas por la actividad minera comprenden desde la cordillera del Cerro Deramón, hasta el Cerro La Cañada, aproximadamente cinco kilómetro lineales.

Así lo relata Esperanza Ortega. — Un día me hablaron para que llegara a Guarjila. Habían puesto una emboscada. Al rato ya venían las máquinas a romper sin consultar con los dueños de las tierras. La gente ya estaba enojada. Un señor dijo <si quieren pasar, lo harán sobre mi primero>—.

Años más tarde, personeros de la misma empresa minera, siguieron llegando a terratenientes del municipio para persuadirlos de vender sus tierras, sin embargo, el alcalde argumenta que la población está lo suficientemente concientizada para no dejarse engañar. —Aquí han vuelto diciendo que van a pavimentar calles y mejorar la red vial, pero no lo hacen de buena fe, sino para facilitar el transporte de todo lo que extraigan de nuestras tierras— dice el edil.

Este tipo de consultas ciudadanas sobre temas mineros nació en 2014, y a la fecha, tres municipios de Chalatenango han prohibido la actividad minera a través de estos referéndums. Esta iniciativa ha sido también acompañada por autoridades del Ministerio de Gobernación, miembros de la Asamblea Legislativa, oenegés nacionales y extranjeras, y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH).

Arcatao es un municipio que no figura en los principales medios de comunicación por la ausencia de homicidios. No obstante, posee una riqueza cultural e histórica que lo posiciona como una alternativa turística y como un “Pueblo Vivo”. En sus montañas se esconden los fantasmas de la guerra civil salvadoreña; ellas resguardan en silencio las formas de comunicación de la guerrilla del FMLN, los tatús o cuevas clandestinas, y todo un referente histórico de hombres y mujeres que recuerdan ese acontecimiento como si hubiese sido ayer.

Su clima es templado, sus calles empedradas. Por las tardes se puede observar a hombres que se dedican a jugar a las cartas tras una larga faena en el campo. Las mujeres se dedican a negocios como venta de comida típica. Los niños juegan sobre los charcos que han dejado las últimas lluvias de septiembre, alimentadas por las montañas boscosas que rodean a uno de los municipios en donde parece que el tiempo se detuvo, y el eco de los disparos de la guerra se deja escuchar de vez en cuando en el recuerdo de sus habitantes.

—Acá recibimos de igual forma a nacionales como extranjeros. A todos los respetamos y les damos nuestra bienvenida y los vemos como hermanos y vecinos. Acá es bien tranquilo todo— describe Justino, quien luego de hablar con este medio, debe retirase porque la misa ha terminado, el evento de las firmas también, pero lleva encendida en su memoria y pensamiento, votar por en contra del establecimiento de minería en su amado Arcatao.

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