El docente de la UES Miguel Serrano continuó acosando a una estudiante, a pesar de que un juez le había impuesto medidas de alejamiento. Por esa razón fue condenado. Serrano sigue procesado en el Juzgado de la Mujer, por las agresiones que cometió en contra de la estudiante de medicina. La víctima platicó con GatoEncerrado para contar su caso.


Por GatoEncerrado

Un año y seis meses de trabajo comunitario, pagar $720 en concepto de tratamiento psicológico para una estudiante víctima de acoso y agresiones, y no poder votar en las elecciones presidenciales de 2019, fue la condena que el Tribunal Tercero de Sentencia le impuso al docente de la facultad de medicina de la Universidad de El Salvador (UES), Miguel Ángel Serrano, por incumplir la orden de alejamiento de una estudiante que lo denunció por acoso sexual y agresiones físicas.

Verónica Burgos, abogada de la estudiante, explicó que la jueza encontró coherente el testimonio de la estudiante y que los peritajes confirmaron que no mintió al denunciar que Serrano la acosó y agredió, después de que un juez de paz le había impuesto una orden para alejarse de la estudiante.


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Serrano, en un intento por demostrar inocencia, propuso testigos en la vista pública. Ninguno de ellos fue capaz de confirmar, bajo juramento, que observaron a Serrano haciendo diligencias en el momento en el que la estudiante afirma que fue acosada y agredida.

El caso

Todo comenzó en 2016. La estudiante le explicó a GatoEncerrado que tuvo problemas con una materia, así que fue a las instancias universitarias para encontrar una solución y no tener que repetir el ciclo, pero no le resolvieron. El docente Serrano se enteró del problema y le ofreció ayudarla. Y así fue, la estudiante pasó la materia con ayuda administrativa de Serrano.

A cambio, Serrano le decía constantemente que ella le debía un año. Un día, cansada de que Serrano le dijera eso, le pidió explicaciones. Serrano le dijo que si no hubiera sido por él, ella tendría un año de retraso en su carrera. Le explicó que esa “deuda” la podía cancelar con una cita.

“Yo accedí para que dejara de decirme que le debía un año”, dijo la estudiante.

El docente consiguió su dirección de casa y su celular. La buscó con frecuencia en su apartamento y le escribió muchas veces para que volvieran a salir, pero la estudiante se negó. Una de las razones para no salir con el docente fue que la estudiante se enteró de que estaba casado y que la esposa trabaja en la universidad.

Serrano, según dijo la estudiante, se disgustó por el rechazo. Así que la acosó la mayoría de veces que la veía caminar por los pasillos del edificio de la facultad de medicina. Le arrebataba de las manos el celular para revisar sus conversaciones. También la criticaba, frente a estudiantes, por su vestimenta y maquillaje.

En una ocasión la tomó de un brazo, la empujó hacia su cubículo y luego la insultó frente a dos estudiantes que la acompañaban. Luego, para intentar salvar la situación, llamó a la Defensoría de Derechos Universitarios y acusó a la estudiante de buscarlo y acosarlo.

El docente Serrano dijo ante el Tribunal Tercero de Sentencia de San Salvador que todo fue al revés: que fue la estudiante la que se metió a su cubículo de forma voluntaria y que no se quiso salir. Así que llamó a Defensoría para denunciar que lo estaba acosando. También dijo que la estudiante lo acosaba en compañía de otras personas a través de las redes sociales y los baños de la facultad, donde encontraba mensajes que lo señalaban como un acosador.

La estudiante dijo que denunció ante las instancias universitarias todo el acoso que sufrió de parte Serrano. Pero ni en el Centro de Estudios de Género, ni en la Defensoría de Derechos Universitarios, ni en la Junta Directiva de Medicina y tampoco en la Asamblea General de la Universidad (AGU) encontró apoyo. Así que buscó ayuda afuera de la universidad y denunció lo ocurrido ante la Fiscalía General de la República (FGR).

Tras la denuncia, según la estudiante, sufrió tres ataques. 

Las represalias

En una ocasión, la estudiante dice que salió de estudiar por la facultad de odontología. En la parada de autobuses, un hombre con un suéter se le acercó y le exigió el celular. 

“El hombre sacó su arma de fuego y me apuntó, la agitó apuntándome, y me dijo que dejara de andar denunciando en la Fiscalía. Eso me dio miedo”, dijo la estudiante a GatoEncerrado.

Otro día, la estudiante dice que iba caminando por el edificio de la facultad. Vio que Serrano estaba con dos hombres a los que les dijo “ahí va ella”. La estudiante no hizo caso y pasó de largo hacia el quinto nivel, donde tenía clases. Cuando iba por el tercero, los dos hombres la alcanzaron y le rociaron gas pimienta.

Un día, la estudiante recibió un correo electrónico de Serrano en el que la denigraba por haberlo denunciado. En ese correo también la amenazó a muerte, le dijo que si no dejaba de andar denunciando podía amanecer en una bolsa negra.

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