GatoEncerrado cubrió la votación de una mujer y un hombre trans, población a la que el Estado salvadoreño no reconoce. Aunque los dos ejercieron su derecho, Tatiana Herrera sufrió burlas de un grupo de vigilantes de Nuevas Ideas cuando se buscaba en el padrón electoral,  y a Noé Molina González la Junta Receptora de Votos no le respetó su identidad y expresión de género masculina.

Por Stanley Luna y Marvin Díaz

Tatiana Herrera llegó a votar a las 8:30a.m. al Centro Escolar Reparto Los Santos II, en Soyapango. Cuando se buscaba en el padrón electoral de la Junta Receptora de Votos (JRV), no fue atendida por un grupo de tres vigilantes de Nuevas Ideas, que estaban concentrados en la entrada del centro de votación y  a un costado del padrón. A diferencia de la ayudaba que ofrecían a cualquier otra persona que llegaba.

Esos vigilantes no solo la desatendieron, sino que se burlaron de ella por ser una mujer trans. “Vanessa”, le gritaba uno de los vigilantes que vestía un chaleco azul y reía con sus otros dos compañeros.  Después, en medio de esas risas, otro de los vigilantes se acercó y le ayudó a encontrarse en el padrón, luego también le asistió otro hombre que no andaba identificado con ningún partido político, pero que sí vestía de rojo.

GatoEncerrado acompañó a Tatiana a la JRV 1,145, donde votó sin ningún problema en un salón de clases, en tres minutos. Sin embargo, el trabajo periodístico del equipo fue obstaculizado por vigilantes de partidos políticos, quienes alegaron que no se podía documentar la votación porque estaba prohibido, pese a que la prohibición es no exhibir fotografías de papeletas de votación, y llamaron a un agente de la Policía Nacional Civil (PNC) para que el equipo abandonara el salón.

Tatiana pertenece a una población históricamente excluida e invisibilizada en El Salvador. Su identidad no existe para el Estado, y por lo tanto, nadie garantiza que se respeten sus derechos. Aunque desde años las organizaciones de la población LGBTI han insistido a la Asamblea Legislativa en la aprobación de una Ley de Identidad de Género, no han recibido apoyo de las bancadas políticas, solo del FMLN. Mientras que en la campaña presidencial, ningún candidato habló de los derechos para la población LGBTI.

“Hace falta un gran tema de sensibilización en la sociedad, porque desde el momento que uno entra (al centro de votación) se siente la vibra, empiezan a reírse, te empiezan a decir cosas”, sostuvo Tatiana, quien pertenece a la organización DIKÉ LGBTI y fue una de las cinco mujeres trans que capacitaron a los que conformarían las JRV en estas elecciones y les entregaron un instructivo.

Las capacitaciones derivaron por los problemas que en años anteriores han enfrentado las personas trans para ejercer su voto, porque su fotografía y su nombre no coinciden con su expresión y su identidad de género.

El problema se repitió en estas elecciones. Noé Morales González, un hombre trans ciego de 26 años, votó en el Centro Escolar Antonio Najarro, en Mejicanos. Lo acompañó Aldo Peña, otro hombre trans que en junio de 2015 fue golpeado por dos agentes de la PNC que ya fueron condenados.

Por su discapacidad, Noé tenía dos opciones para votar: haciendo uso del sistema de escritura Brailler con el que cuentan las papeletas de votación o pedir la asistencia de otra persona. Él pidió la asistencia de Aldo.

Cuando presentó y entregó su DUI en la JRV 881 del centro de votación, la presidenta de esta se refirió a Noé como “ella”, no respetando su expresión y su identidad de género masculina. Aldo también entregó su DUI, pero les advirtió a los miembros de la junta que lo llamaran por sus apellidos y no por sus nombres en el documento. Acompañó a su colega hasta la urna de votación, en ese momento la presidenta de la JRV volvió a referirse al votante como “ella”.

Una vez Noé votó, Aldo reprochó a la  JRV por el trato que dio a su colega y le cuestionó si había recibido capacitaciones del TSE sobre las votaciones de personas trans. No hubo ninguna respuesta. Luego procedió a denunciar el hecho con la observadora electoral de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

“Se les hizo un llamado más fuerte, porque siento que teniendo una capacitación, que ya vengan dos personas trans y te digan que eso no está bien, y aún así lo seguís haciendo, siento que fue bastante incómodo a pesar que  pude ejercer (el voto), pero siento que uno pasa como un mal rato”, señaló Noé a GatoEncerrado.

Según Noé, en estas votaciones tuvo mayor dificultad porque hoy tiene “más marcada” su expresión de género, ya que desde mediados del año pasado inició un proceso hormonal. Sin embargo, dijo que no es primera vez que es víctima de transfobia. En una ocasión lo operaron en un hospital y al insistirle a las enfermeras que dejaran de llamarle por su nombre plasmado en su DUI y ellas lo ignoraron, puso un cártel tras su camilla en el que se leía “Me llamo Noé Morales González”.

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