En El Salvador se aborrece al que asesina, y por eso la mayoría de salvadoreños concluyen que la única manera de resolver el problema de los asesinatos es asesinando a los asesinos. Es decir, se quiere combatir la violencia con la violencia. ¿Tendrán derecho los salvadoreños a pensar así después de ser víctimas directas de extorsiones, homicidios, secuestros, robos y violaciones sexuales?


 Por Ezequiel Barrera

(13 de febrero, 2015) – En un autobús que llega hasta el Zurita, en el centro histórico de San Salvador, voy apretujado por la multitud de personas que se dirigen a trabajar, estudiar, comprar, vender… justo a mi lado va Nelson, un señor canoso que aparenta no menos de cincuenta años de edad con una camisa azul que tiene un logo de uno de los Ministerios del Gobierno. Lo noto con toda su atención puesta en el periódico de esta mañana, y de reojo alcanzo a leer el titular que dice “Matan a cinco pandilleros en Nahuizalco”. Me atrevo a preguntarle, con dificultad por el reggaetón que suena a todo volumen:

—¿Qué le parece que hayan asesinado a esos pandilleros?

—¡Bueno! ¡excelente! Ya es hora que estos parásitos de la sociedad se acaben y quedemos las personas trabajadoras, que no le hacemos mal a nadie— responde, con un aire de satisfacción.

—Entonces… ¿le alegra leer este tipo de noticias?

—Pues claro, uno se alegra de saber que gente como esa ya no molestará más, no extorsionará más, no matará más.

—Y usted… ¿conseguiría un arma para defenderse?

—Quizá, no sé. Es que si tocaran mi familia claro que sí. Yo mismo la defendería.

—¿Qué significa para usted defenderse?

—Todo lo que sea necesario para guardar mi vida y la de mi familia, para eso serviría el arma.

La conversación se ve interrumpida cuando me expresa que debe bajarse en la siguiente cuadra. Me desea un feliz día, dobla el periódico, se levanta y busca la salida. Mientras, me quedo pensativo en el asiento llenándome de muchas preguntas ¿está bien que nos alegremos por la muerte de pandilleros? o ¿algo debe andar mal con nosotros los salvadoreños que celebramos la muerte de un criminal? ¿nos estaremos convirtiendo en lo que más aborrecemos cuando aplaudimos los grupos de exterminio que matan pandilleros y demás personas vinculadas al crimen organizado? ¿No será que nuestra respuesta a la violencia es combatirla con más violencia? ¿queremos asesinar a los asesinos para frenar los asesinatos?

Ese mismo día me di a la tarea de revisar los comentarios en los periódicos digitales. Me sorprendió ver la cantidad de salvadoreños que escriben con odio cosas como “¿por qué solo mataron 5 malnacidos?”, “¡Esta es una victoria del pueblo!”, “Hagamos patria matemos un pandillero, hay que eliminar la lacra”…, también revisé en facebook una página llamada “Héroe Azul El Salvador”, en la que suben fotos explícitas de pandilleros o ladrones asesinados y encontré comentarios similares. Incluso algunos subidos de tono y utilizando expresiones soeces, con pésima ortografía, apuntándose para ir a matar a los “malditos pandilleros”.

Captura de pantalla con algunos comentarios

Entre los salvadoreños que tienen ese mismo espíritu de celebrar la muerte de muchachos criminales está el diputado Guillermo Gallegos que ha expresado cosas como “felicito a los ciudadanos que matan pandilleros”, “prefiero un pandillero muerto y no un policía”… así que fui a la Asamblea, lo busqué y platiqué con él.

—Diputado, usted dice “a las pandillas hay que enfrentarlas desde la represión”, pero planes como la “mano dura” demostraron que no se logró resolver el problema, y lejos de eso el fenómeno pandilleril se fortaleció. Entonces cuando usted habla de represión ¿a qué se refiere?

—Mientras no se logre crear una política integral de seguridad que contenga prevención, readaptación, represión y reinserción, difícilmente vamos a terminar con la delincuencia o con las maras y pandillas del país. A mi juicio, mientras esto no llegue hay que aplicar represión. Y represión para mí significa impulsar medidas contundentes contra la delincuencia: estados focalizados, unión de reos en centros penales, movimientos de líderes de pandillas al penal de máxima seguridad, modificar la ley penal juvenil para que cuando los pandilleros cumplan 18 años vayan a un penal de mayores, la pena de muerte… otra cosa no tendría resultado en este momento. Los pandilleros no entienden de reinserción ni de integración a la sociedad.

—¿Usted cree que el Estado ha perdido el control y la gente está buscando su propia forma de resolver este problema de inseguridad?

—No, y espero que eso no suceda. Hay quienes sí lo afirman pero son enemigos del gobierno que lo dicen por intereses políticos y electorales. Todavía la PNC, Ejército y Fiscalía tienen el control. Y la ciudadanía también tiene que unirse al esfuerzo porque el pandillero tiene una característica, y es que en grupo a escondidas y a traición a oscuridad es fuerte, pero cuando se le enfrenta es capaz hasta de llorar. Quiero decir que la población debe tener la decisión de enfrentarlos para terminar con ellos.

Terminar con ellos, dice.

Terminar con ellos puede significar matarlos o apoyar a quienes los matan, pensando que esa es la solución a la violencia. Incluso, en ese sentido el diputado Gallegos propone reformas a la ley penal para garantizar la legítima defensa.

—¿Esas reformas para garantizar la legítima defensa no podría convertirse en una especie de licencia para matar?— pregunto al diputado.

—Legítima Defensa existe en cualquier país civilizado, porque es un mecanismo en el que se excluye de responsabilidad penal cuando usted siente o percibe que van actuar en contra suyo o familiares, esa línea se traspasa cuando usted es el agresor y por esto asesina. Nos alegra y satisface que los policías utilicen la legítima defensa, pues a partir de llevar su arma constantemente los asesinatos a policías se han detenido y aplaudo eso. Es en ese contexto que digo que prefiero a un marero muerto y no a un policía. Por supuesto que uno no quiere que muera nadie, pero en un caso así prefiero al ciudadano que está ejerciendo una función pública de seguridad y no con el que genera violencia. Y yo no puedo decir que me alegra que haya grupos de exterminio, pero es una expresión ante la impotencia y falta de seguridad. Entonces si nosotros no creamos mecanismos legales para que la gente se pueda autodefender, entonces sí tendremos un Estado Fallido y la gente tomará en sus manos la justicia y se rompería el orden constitucional.

Esa lógica del diputado no es compartida por el Procurador para los Derechos Humanos, David Morales. Quien fue muy explicativo al decirme “son mensajes negativos que no son apropiados. Para la gran mayoría de gobernantes, legisladores y altos funcionarios ha prevalecido un discurso en las últimas décadas de lo que en doctrina se conoce como populismo punitivo. Es decir, los llamados vehementes al endurecimiento de las penas, a la represión, al uso de la fuerza para contener la delincuencia… Este tipo de discursos generan rédito político y atraen votos de la población y suelen usar estos discursos para sacar beneficios en campañas electorales. Pero lo que está demostrado en El Salvador es que ese modelo de populismo punitivo está fracasado”.

La historia y los hechos, desde los Acuerdos de Paz, dan la razón al Procurador, pues todos los planes y políticas públicas en el tema de seguridad fracasaron y al final lograron el efecto contrario, pues fortalecieron a las pandillas y maras.

De todas formas, aún si es populismo, me quedaba la duda ¿los salvadoreños tenemos derecho a celebrar y sentirnos bien por el asesinato de criminales? Es una pregunta razonable en virtud de que en muchas ocasiones somos víctimas y estamos cansados de lo que las pandillas hacen en contra de la población más pobre de este país. Y ya que tenía frente a mí a la máxima autoridad del país en el tema de derechos humanos no me iba a quedar con la duda. Y esto contestó:

—No, en las expresiones que legitiman y validan la violencia no podemos hablar de derechos. La apología del odio está expresamente prohibida a nivel constitucional y en los estándares de derechos humanos. Pero me parece que sí es necesario que comprendamos que el pueblo de El Salvado arrastra una historia de autoritarismos, regímenes militares, permanentes y sistemáticas violaciones a los derechos humanos en el siglo XX, dos genocidios en ese siglo una en 1932 y la gran matanza del terrorismo de Estado en las décadas 70 y 80. Entonces el pueblo salvadoreño tiene profunda ruptura del tejido social. Además de la violencia histórica, de represión política, debemos agregar toda una historia de opresión de profundas desigualdades económico-sociales que han mantenido a poderosas élites económicas con el apoderamiento de la gran parte de la riqueza nacional, y la gran mayoría de salvadoreños está en situación de exclusión. Entonces en ese escenario de opresión histórica, la violencia ha alcanzado grandes dimensiones y se entiende que el sufrimiento lleve a estas expresiones donde la gente clama por más violencia para combatir la violencia. Pero eso no es legítimo.

Las respuestas del Procurador coinciden con las del pastor Mario Vega, de Misión Cristiana Elim y presidente de la Alianza Evangélica. Pues para ambos, los salvadoreños queremos solucionar todos los problemas con violencia. El pastor dice que esto es una cuestión cultural, pues la violencia es un recurso en el hogar, en la política y en lo social la violencia ha sido históricamente el recurso, “entonces dentro de la mentalidad salvadoreña la violencia es la solución a las pandillas y maras”, expresa.

También coincide en que Gallegos hace uso del populismo y que con sus mensajes “se sigue fomentando que la violencia se resuelve con violencia”. Para el pastor, la propuesta de reforma que garantizaría la legítima defensa desencadenaría muchos delitos de carácter pasional, odios comunes o a veces personas que matarán simplemente por miedo y porque están armados, y “todos esos son casos que no están contemplados en la legítima defensa, pero si se busca eso lo que se va a tener es más asesinatos que en la actualidad y no por pandillas y mareros; es que cuando se abre la puerta se puede llegar a excesos que no convienen a la sociedad”, manifiesta.

—Si la violencia no es la solución ¿cuál es?— interrogo con curiosidad al pastor.

— La cuestión es cómo se canaliza esa desesperación del salvadoreño, y ahí está la bifurcación porque está por un lado la gente que piensa de manera precipitada pensando que la violencia se combate con más violencia a través de exterminios, de más asesinatos, de armarse. Pero el otro camino es el de la sensatez y preguntarse ¿cuál es la raíz que provoca tanta violencia de los jóvenes en El Salvador? Y cuando uno indaga encuentra que los factores son muy complejos y no se pueden solucionar de la noche a la mañana, no hay atajos. Va a tomar no menos de 10 años para corregir lo que sucede.

El pastor Vega explica que esos factores de riesgo son la exclusión, la pobreza, la falta de acceso a oportunidades, la vivienda precaria, el hacinamiento, falta de oportunidades educativas, inadecuada atención en salud, desintegración familiar, ser una sociedad altamente consumista… todos estos elementos cuando se mezclan dan mayores índices de violencia.

Ante todos esos factores, uno también se pone a pensar en lo que desde el gobierno se está haciendo. Así que pregunté al pastor si él veía señales claras del actual gobierno para prestarle atención a estos factores que se convierten en la raíz de la violencia.

—Creo que se ha ido avanzando. En los gobiernos anteriores, me refiero a los gobiernos de Arena aparentemente no entendían las raíces del problema y lo utilizaban políticamente yéndose por el lado populista. A partir de Funes yo creo que sí tenían claridad total de las raíces, pero se priorizó el aspecto político buscando salidas pragmáticas en lugar de trabajar en serio en las bases. Y es porque el trabajo de prevención da resultados a largo plazo y eso no es rentable políticamente. El gobierno actual ha dado señales que quiere seguir el camino correcto, que es el de la prevención. Hoy lo que está por verse es si en realidad lo ejecutarán.

Estas palabras del pastor también coinciden con las del Procurador que ve con buenos ojos al Consejo Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana que ha tenido una pluralidad de sectores haciendo un análisis de la inseguridad y ha hecho al menos 120 propuestas —que cada vez aumentan más— en un documento llamado “Plan El Salvador Seguro” para contrarrestrar los factores de riesgo.

Para conocer de qué forma van a ir ejecutando esas propuestas y así ir teniendo más claridad de cómo los salvadoreños podemos esperar que finalmente los factores de riesgo se van a ir corrigiendo le escribí a Robert Valent, representante de las Naciones Unidas en El Salvador, quien ha sido prácticamente el vocero del Consejo de Seguridad, pero hasta el cierre de esta nota no obtuve respuesta ni cita para entrevistarlo.

Mientras esas propuestas se ejecuten, y dado que los salvadoreños cada vez dan muestras de convertirse en lo que más odian —asesinos o aplaudir a los asesinos de los asesinos y tomar la seguridad en sus manos—, el tema psicológico también es importante para tener una estabilidad emocional y salud mental ante todo el ambiente que vivimos y lo que los grandes medios de comunicación nos presentan a diario, poniéndonos en el desayuno relatos de masacres, violaciones, robos y enfrentamientos a balas.

Busqué a Karla Jovel, psicóloga de Psicoevalúa, quien afirma que “indudablemente el ambiente en que vivimos nos afecta psicológicamente pues las personas tienen miedo hasta de salir a la calle, presentan diferentes trastornos psicosomáticos, es decir del cuerpo y de su mente; por ejemplo pueden presentar ansiedad, shock nerviosos, algún tipo de depresión, estrés… y cuando nos ponemos a ver los noticieros nos llenamos la mente de lo que vemos y al final podríamos padecer algún tipo de enfermedad mental y física”, menciona. También le preocupa que la niñez va creciendo y desarrollándose en un ambiente de violencia y que necesita atención porque no es normal que un niño vea a una persona con impactos de balas sangrando en la calle de su colonia.

Para esta profesional de la psicología, el salvadoreño no debería aplaudir el asesinato de criminales, más allá de eso deberíamos mantenernos siempre estables emocional y mentalmente para no incurrir en acciones que vayan contra los valores morales y convertirnos así en lo que más odiamos.

[Fin de la nota]


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