Por Tania Primavera

Te he dado mis libros de arte y vas al viejo sofá. Quiero pintar, dijiste. Solo tenés que pintar, pensé en voz alta. Sos de Pushtan, Nahuizalco, Sonsonate. Y venís de un viaje de casi dos vueltas al sol en el  sur del continente. Tus manos aprendieron a tejer petates. Sabes cual es la voz del silencio.  Sigo mi ruta, y los dedos comienzan a escribir lo que aun no imagino…

El petate me dio la idea y el recuerdo, cuando comenzamos a recorrer rumbo hacia tu casa,  un camino entre patios y casitas de bahareque, camino de barro, barro ancestral. Por vez primera lo analizo así, de fondo el  jazz de la radio holandesa. La Lira, mi perra, ya está dormida aquí cerca.  Pero quiero recordar. Es tarde, agotada.

Pero este mediodía, el insomnio de las noches anteriores me dijo al oído que sacara mi petate para la siesta. Suave es su fibra, el tule ancestral, suave y delicado. El proceso de cortado, de secado, de tejido. Me doy cuenta que ese tejido que van trenzando es complicado. Es un proceso, desde irlo a cortar.

Fuimos al mini jardín vecino, su habitante nos mostró su pila de peces. Sus plantas comestibles, sus flores. Pero me sorprendió el río Sensunapán. Hay que atravesarlo. Observo las ruinas del puente que nunca se terminó y desde que recordás, pasaron por debajo.  Deliberando casi a media noche por el nombre de tu nombre, te pregunto –¿Naciste en Pushtan?-sí, una matrona ayudó, era prima de  mi abuelo.

El proceso del tule es cortarlo, y lo dejan secando unos tres días.  La  mayoría de gente compra el tule.  Hay gente que tiene terrenos, que tienen el tule ahí y lo venden, o unos también hacen productos como petates.

Del  tule se sacan varias palmas. Son tres lados por cada tule, salen tres palmas, siempre. Y se sacan las palmas con “el rajador”, que es un palo, le dicen así porque ese es el que “raja la palma”, y que saca la palma. Con las barbitas se amarra el petate, estera o alfombra, creada de generación en generación. Su color oro, es bello.  Antiguamente se realizaban “petates laboreados”, con colores de tintes naturales como el “mashaste” y con diseño, pero al parecer, ese arte del petate laboreado, es poca la gente que sabe y quien sabe ya no quiere enseñar. Ahí, los pocos abuelos y abuelas que quedan y que hablan náhuat, no quieren hablarlo en público.

El uso del petate para dormir y morir. En la cosmovisión, era en un petate que se envolvían a los muertos. Pero dormir en un petate es lo mejor. Y me da gracia,  al acordarme de la famosa frase “me voy a petatear”, viene de ahí. Nos reímos. Eso es la verdad. Se refiere a eso, a que nos vamos de esta vida, un día.

Esa zona tiene muchos barrancos y agua, donde crece el tule. Ese nombre de “Pushtan”, siempre me ha gustado, nombre en náhuat-pipil que según investigué con varios amigos, quiere decir “Lugar Mojado o Húmedo” pero no solo eso,  el lugar es= topografía + demografía. Tomando en cuenta todo hasta lo invisible a los ojos. Es posible que sea así, que tu nombre quiera decir “Lugar mojado o enmohecido” pero no es solo eso. Ahí hay un secreto. Un poema en una sola palabra: Pushtan.

Ahora, las tierras que caminamos y anduvimos en caminitos, todo eso lo rentan. Donde abracé el árbol de mango, es privado. La Golondrinera no la conocí, es cascada y riscos, que tienen cuevas y gente entró ahí en el 32, para que no les encontrara la Guardia en tiempos de persecución, de la matanza. Es una caída de agua bellísima. Riscos de difícil acceso, pero al parecer a través de lianas, pudieron subir a los huecos, cuevas para tratar de salvarse. Permanecer a escondidas en su propio reino, de la persecución y muerte. Hay bastante agua. Tajcuilujlan es su vecino, el río viene de ahí, y del otro mas lejos, nace más allá. No sabés dónde nace.

Mientras recordamos, seguís leyendo y viendo las litografías de Rembrandt, Klimt, Salarrué, Elías y más, vos entre los libros de arte, aquí estas, con libros y libros por leer. Entre el tiempo y las vivencias por venir. Y yo de nuevo queriendo volver a Pushtan.


 

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